El amo Reloj, la felicidad y la tristeza.

Solo basta pararse a pensar un poco para darnos cuenta de que los seres humanos desde hace muchos años vivimos siendo los sumisos del amo Reloj.

El mundo ha avanzado pero cuanto más ha avanzado más se ha limitado nuestra libertad y tranquilidad respecto al tiempo, ya cualquier actividad de nuestra vida va ligada al tiempo y por rebote también a los relojes de cualquier tipo de dispositivo.

Nos pasamos la mitad del tiempo pendientes de mirar un reloj. Los que tenemos la suerte de trabajar estamos pendientes de un horario, los que estudian están pendientes de un horario, los que no trabajan están pendientes del horario de los que trabajan y de los que estudian.

Cuando hacemos una tarea fuera de nuestra rutina diaria o de nuestros horarios establecidos por actividades de “obligatoria” asistencia estamos pendientes del reloj para no llegar tarde a estas actividades.

Ahora os digo que llegado a este punto del escrito voy a hacer una rectificación de cómo he empezado, no todos los seres humanos vivimos siendo los sumisos del amo Reloj.
Irónicamente los que nos llamamos países del primer mundo, los que se supone que tenemos más posibles, somos los que más sumisos vivimos de este amo. Irónicamente los países que llamamos tercer mundo por su situación de pobreza son los que más libres viven en referencia al reloj. En muchos de estos países no viven pendientes de un reloj, sobre todo las tribus indígenas viven su vida sin reloj, con naturalidad, llevando sus actividades a cabo según les surgen.

La conclusión a la que quiero llegar con esto es que a veces ni la persona más rica del mundo es inmensamente feliz ni la persona más pobre del mundo vive inmensamente triste. La persona pobre de bienes materiales aprende a apreciar cada pequeño detalle y la persona rica llega un momento en que de tanto que tiene ya no aprecia lo que tiene y aunque no lo quiera reconocer se siente infeliz porque nunca está saciado.

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KATIA (Relato 4: En la distancia)

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Habían pasado unas semanas desde que entre Katia y Rafael se dio aquella charla en la que Katia había confesado a Rafael su todavía virginidad cuando Rafael recibió una fatídica llamada. Su madre, Giovanna, acababa de fallecer después de unos meses de dura lucha contra un tumor cerebral.

Al parecer la propia Giovanna había prohibido terminantemente a Marcelo, el padre de Rafael, que hablará de su enfermedad a este para evitarle sufrimiento.

Rafael explico a Katia todos los detalles y esta entendió que Rafael debía volver a Palma de Mallorca, no solo para el funeral si no también para retomar su vida allí y así poder apoyar a su padre en su soledad tras la muerte de su madre.

Lo que Rafael no explicó a Katia era que se había enamorado de ella. Rafael en ese momento tenía doble pena, la perdida de su madre se unía a la sensación de tener a la persona que amaba lejos.

Lo que Rafael no supo en el momento de irse es que Katia también le amaba.

Ambos se habían guardado dentro sus sentimientos hacia el otro debido a que no les había dado tiempo a atreverse a confesárselo. Fue un par de semanas después del funeral de la madre de Rafael cuando, en una video llamada, afloraron sus sentimientos.

Fue Rafael el que dio el paso, también le confesó que el tenia miedo, y no sería capaz, de soportar una relación de pareja a distancia porque ya lo había vivido y lo pasó muy mal, el no llevaba bien el no poder tocar a su pareja cuando lo necesitaba, el no poder besarla y abrazarla.

Como Katia seguía estudiando y todavía le faltaba 1 año y medio para terminar su carrera universitaria optaron por una opción más llevadera, aprovechar la ayuda de las tecnologías para llevar una amistad especial a distancia.

(Continuará)

Una nana para adultos

Raquel había tenido un día de perros. A un caluroso día 25 de agosto, con la humedad que en mayor o menor medida caracteriza a la capital de la Comunidad Valenciana se le había unido un día pesadísimo en el trabajo. Aparte de tener demasiada faena, justo al final de la jornada su última clienta había sido la típica pesada insolidaria a la que le daba igual que fuera ya la hora de cierre y que a ella se le notara el agotamiento en la cara.

Llegó a casa agotada, ceno lo primero que pilló (sin elaborar demasiado) y vio un poco la televisión tumbada en la cama, pero aún así no se acababa de relajar.

Se había desvelado, así que como en otras ocasiones decidió que lo mejor para ese momento era “una nana para adultos”.

Dicho y hecho, abrió en su móvil su página favorita de videos x y se puso a ver un video de sexo salvaje.

A los pocos minutos de empezar el video noto como su sexo se mojaba y empezó a acariciarse cada vez con más fuerza y rapidez, con tanta energía lo hizo que tardó poco en llegar al orgasmo, no una vez, si no que tres veces seguidas.

Nada más acabar quedó profundamente dormida con el tiempo justo de quitarse los auriculares, apagar la pantalla del móvil, y dejarlo en la mesita.

Eso era lo que necesitaba… Una nana para adultos.

El amante de la canela (Micro relato)

Se habían conocido en aquel café de citas rápidas, en aquella época en la que todavía no existía el whatsapp y estaba en pleno apogeo el messenger.

Como las citas exprés no daban mucho tiempo para hablar, Carlos, según la estrategia que ya había planeado, se dedicó a dar directamente su hotmail a cada chica con la que se sentaba

A todas les había dado su hotmail sin mucha intención de seguir en contacto pero cuando se sentó en la mesa de Estefanía tuvo una intuición especial y para asegurarse de poder seguir en contacto con ella, no solo le dio su hotmail si no que también, educadamente, le pidió el suyo.

Esta idea de Carlos les había venido bien ya que les ayudó a poder hablar todas las noches y también, como era típico de esa época, a verse por la webcam mientras tanto.

Carlos de momento tenía muy claro lo que iba buscando que ocurriera con Estefanía, porque no sabía lo que tenía esa chica, pero le daba mucho morbo y quería disfrutar de una noche de sexo con ella.

Hizo lo imposible por provocarle y hacer que sus más bajos instintos afloraran.

Un dia, cuando ya habían pasado dos semanas de tonteo por Messenger, decidió que ya era hora de citarse con ella y cumplir con su objetivo.

Ella accedió y dos noches después, coincidiendo con el fin de semana, Carlos llevó a Estefanía a un chalet que tenía su familia a las afueras de Madrid, que era de donde ellos eran.

El chalet era de madera, tanto por fuera como por dentro, tanto que podía haber ardido por el fuego que surgió entre ellos cuando después de despojarle de su ropa Carlos embadurno a Estefanía con crema de canela y empezó a lamer sus senos bajando por su vientre y hasta llegar a la hendidura de su sexo, donde se entretuvo un buen rato y despiadadamente provocó convulsiones de placer en Estefanía durante un buen rato sin darle tregua.

Carlos llevaba tanto tiempo conteniendo sus ganas de hacerlo que como si de un Buffet libre se tratara, repitió plato hasta saciarse.

Sabor a orgasmo y canela era su sabor favorito y Estefanía estaba siendo la mejor versión de ese sabor.

Tan contento acabó la velada que cambió sus intenciones hacia ella y desde ese día fue a Estefanía a la única que pedía poder paladear su sabor favorito.