El amante de la canela (Micro relato)

Se habían conocido en aquel café de citas rápidas, en aquella época en la que todavía no existía el whatsapp y estaba en pleno apogeo el messenger.

Como las citas exprés no daban mucho tiempo para hablar, Carlos, según la estrategia que ya había planeado, se dedicó a dar directamente su hotmail a cada chica con la que se sentaba

A todas les había dado su hotmail sin mucha intención de seguir en contacto pero cuando se sentó en la mesa de Estefanía tuvo una intuición especial y para asegurarse de poder seguir en contacto con ella, no solo le dio su hotmail si no que también, educadamente, le pidió el suyo.

Esta idea de Carlos les había venido bien ya que les ayudó a poder hablar todas las noches y también, como era típico de esa época, a verse por la webcam mientras tanto.

Carlos de momento tenía muy claro lo que iba buscando que ocurriera con Estefanía, porque no sabía lo que tenía esa chica, pero le daba mucho morbo y quería disfrutar de una noche de sexo con ella.

Hizo lo imposible por provocarle y hacer que sus más bajos instintos afloraran.

Un dia, cuando ya habían pasado dos semanas de tonteo por Messenger, decidió que ya era hora de citarse con ella y cumplir con su objetivo.

Ella accedió y dos noches después, coincidiendo con el fin de semana, Carlos llevó a Estefanía a un chalet que tenía su familia a las afueras de Madrid, que era de donde ellos eran.

El chalet era de madera, tanto por fuera como por dentro, tanto que podía haber ardido por el fuego que surgió entre ellos cuando después de despojarle de su ropa Carlos embadurno a Estefanía con crema de canela y empezó a lamer sus senos bajando por su vientre y hasta llegar a la hendidura de su sexo, donde se entretuvo un buen rato y despiadadamente provocó convulsiones de placer en Estefanía durante un buen rato sin darle tregua.

Carlos llevaba tanto tiempo conteniendo sus ganas de hacerlo que como si de un Buffet libre se tratara, repitió plato hasta saciarse.

Sabor a orgasmo y canela era su sabor favorito y Estefanía estaba siendo la mejor versión de ese sabor.

Tan contento acabó la velada que cambió sus intenciones hacia ella y desde ese día fue a Estefanía a la única que pedía poder paladear su sabor favorito.

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