Mi amiga Isa

mask-2095337_960_720Hace una semana, mientras nos tomábamos un café en la Tasca Mundo, mi amiga Isa empezó a hablarme sobre sus vivencias pasadas en el terreno sexual, hasta ese momento guardadas para sí misma.

Nunca me había sacado el tema, y ahora teniendo ya su pareja y dos hijos parece ser que por fin se había lanzado a hacerlo.

Me contó que hubo unos años en los que fue Swinger, justo los años en los que estuvo con su primera pareja sexual, me contó que precisamente una de las cosas que más morbo le daban en su época Swinger era el pensar que con esa cara de santurrona que tenía nadie de su entorno de toda la vida podía sospechar que en la intimidad lo que le ponía era realizar intercambios de pareja, tríos, e incluso el contacto con otras mujeres.

Me explicó que el motivo realmente para contarme esto fue que algo había hecho que sintiera nostalgia de aquellos años de gustos y prácticas sexuales ocultas.

Me confesó que ella tenía muy claro que amaba a su marido y que él, junto con sus dos hijos, colmaban su vida de alegría, pero después de leer la trilogía de Megan Maxwell “Pídeme lo que quieras” no podía evitar echar de menos su época de Swinger y se sentía culpable por ello porque en el fondo le encantaría tener otro último contacto con ese mundo.

Le hubiera gustado que su marido tuviera esos mismo gustos sexuales pero sabía a ciencia cierta que eso no le gustaría, el no soportaría que otros hombres o mujeres poseyeran su cuerpo aunque no poseyeran su corazón.

El no sabría ver que eso no tendría nada que ver con el amor, que solo sería sexo, solo un juego en el que participasen más de dos.

Mi amiga Isa es consciente de que esos deseos se los guardará dentro, y en un principio, para todo lo que le quede de vida.

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El amo Reloj, la felicidad y la tristeza.

Solo basta pararse a pensar un poco para darnos cuenta de que los seres humanos desde hace muchos años vivimos siendo los sumisos del amo Reloj.

El mundo ha avanzado pero cuanto más ha avanzado más se ha limitado nuestra libertad y tranquilidad respecto al tiempo, ya cualquier actividad de nuestra vida va ligada al tiempo y por rebote también a los relojes de cualquier tipo de dispositivo.

Nos pasamos la mitad del tiempo pendientes de mirar un reloj. Los que tenemos la suerte de trabajar estamos pendientes de un horario, los que estudian están pendientes de un horario, los que no trabajan están pendientes del horario de los que trabajan y de los que estudian.

Cuando hacemos una tarea fuera de nuestra rutina diaria o de nuestros horarios establecidos por actividades de “obligatoria” asistencia estamos pendientes del reloj para no llegar tarde a estas actividades.

Ahora os digo que llegado a este punto del escrito voy a hacer una rectificación de cómo he empezado, no todos los seres humanos vivimos siendo los sumisos del amo Reloj.
Irónicamente los que nos llamamos países del primer mundo, los que se supone que tenemos más posibles, somos los que más sumisos vivimos de este amo. Irónicamente los países que llamamos tercer mundo por su situación de pobreza son los que más libres viven en referencia al reloj. En muchos de estos países no viven pendientes de un reloj, sobre todo las tribus indígenas viven su vida sin reloj, con naturalidad, llevando sus actividades a cabo según les surgen.

La conclusión a la que quiero llegar con esto es que a veces ni la persona más rica del mundo es inmensamente feliz ni la persona más pobre del mundo vive inmensamente triste. La persona pobre de bienes materiales aprende a apreciar cada pequeño detalle y la persona rica llega un momento en que de tanto que tiene ya no aprecia lo que tiene y aunque no lo quiera reconocer se siente infeliz porque nunca está saciado.

Una nana para adultos

Raquel había tenido un día de perros. A un caluroso día 25 de agosto, con la humedad que en mayor o menor medida caracteriza a la capital de la Comunidad Valenciana se le había unido un día pesadísimo en el trabajo. Aparte de tener demasiada faena, justo al final de la jornada su última clienta había sido la típica pesada insolidaria a la que le daba igual que fuera ya la hora de cierre y que a ella se le notara el agotamiento en la cara.

Llegó a casa agotada, ceno lo primero que pilló (sin elaborar demasiado) y vio un poco la televisión tumbada en la cama, pero aún así no se acababa de relajar.

Se había desvelado, así que como en otras ocasiones decidió que lo mejor para ese momento era “una nana para adultos”.

Dicho y hecho, abrió en su móvil su página favorita de videos x y se puso a ver un video de sexo salvaje.

A los pocos minutos de empezar el video noto como su sexo se mojaba y empezó a acariciarse cada vez con más fuerza y rapidez, con tanta energía lo hizo que tardó poco en llegar al orgasmo, no una vez, si no que tres veces seguidas.

Nada más acabar quedó profundamente dormida con el tiempo justo de quitarse los auriculares, apagar la pantalla del móvil, y dejarlo en la mesita.

Eso era lo que necesitaba… Una nana para adultos.

El amante de la canela (Micro relato)

Se habían conocido en aquel café de citas rápidas, en aquella época en la que todavía no existía el whatsapp y estaba en pleno apogeo el messenger.

Como las citas exprés no daban mucho tiempo para hablar, Carlos, según la estrategia que ya había planeado, se dedicó a dar directamente su hotmail a cada chica con la que se sentaba

A todas les había dado su hotmail sin mucha intención de seguir en contacto pero cuando se sentó en la mesa de Estefanía tuvo una intuición especial y para asegurarse de poder seguir en contacto con ella, no solo le dio su hotmail si no que también, educadamente, le pidió el suyo.

Esta idea de Carlos les había venido bien ya que les ayudó a poder hablar todas las noches y también, como era típico de esa época, a verse por la webcam mientras tanto.

Carlos de momento tenía muy claro lo que iba buscando que ocurriera con Estefanía, porque no sabía lo que tenía esa chica, pero le daba mucho morbo y quería disfrutar de una noche de sexo con ella.

Hizo lo imposible por provocarle y hacer que sus más bajos instintos afloraran.

Un dia, cuando ya habían pasado dos semanas de tonteo por Messenger, decidió que ya era hora de citarse con ella y cumplir con su objetivo.

Ella accedió y dos noches después, coincidiendo con el fin de semana, Carlos llevó a Estefanía a un chalet que tenía su familia a las afueras de Madrid, que era de donde ellos eran.

El chalet era de madera, tanto por fuera como por dentro, tanto que podía haber ardido por el fuego que surgió entre ellos cuando después de despojarle de su ropa Carlos embadurno a Estefanía con crema de canela y empezó a lamer sus senos bajando por su vientre y hasta llegar a la hendidura de su sexo, donde se entretuvo un buen rato y despiadadamente provocó convulsiones de placer en Estefanía durante un buen rato sin darle tregua.

Carlos llevaba tanto tiempo conteniendo sus ganas de hacerlo que como si de un Buffet libre se tratara, repitió plato hasta saciarse.

Sabor a orgasmo y canela era su sabor favorito y Estefanía estaba siendo la mejor versión de ese sabor.

Tan contento acabó la velada que cambió sus intenciones hacia ella y desde ese día fue a Estefanía a la única que pedía poder paladear su sabor favorito.