KATIA (Relato 3: Cuando Katia encontró a Rafael)

Un día, pocos meses después de haber cumplido 20 años, Katia se encontraba sentada en frente de un tablero de ajedrez en un conocido club de Alcorcón, cuando de repente escucho la atractiva voz de un chico que se acababa de sentar al otro lado del tablero y le preguntaba si quería jugar una partida con el. Cuando Katia alzó la vista para ver el rostro de aquel chico se encontró con un chico moreno, bastante atractivo, de unos 10 años más que ella y que respondía al nombre de Rafael.

Nada más empezar la partida empezaron a hablar. Katia había acertado al adivinar la diferencia de edad que los separaba. Aún así y a pesar de su timidez no sintió ningún reparo en seguir conversando con él, ya que Rafael le empezó a transmitir muy buen rollo.

Rafael era un chico de madre italiana y padre argentino que nació en Palma de Mallorca y había vivido en su ciudad natal hasta hace un año. Tenía estudios de periodismo pero ejercía de profesor de natación, que era realmente lo que más le gustaba y acababa de obtener la titulación de entrenador nacional.

Surgió una química casi inmediata entre entre ellos y aunque por aquel entonces él tenía un rollete con una chica, tardó pocos días en dejar de hablar de ella y centro todo su interés en Katia. Cada vez sus encuentros en el club duraban más, llegando al punto en que jugaban solamente entre ellos en la mesa más apartada del local para conversar más tranquilos.

Empezaron a tener conversaciones cada vez más profundas, cada vez se abrían más el uno al otro y un buen día surgió una conversación sobre sexo.

Ese día Katia confesó a Rafael que aún era virgen, y a él le debió de dar morbo porque lejos de asustarse lo que hizo es hacer por empezar a despertar sus ganas de jugar y experimentar…

(Continuará)

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3 chicas y un destino

Corría la década de los 60. Elvis Presley ya había acabado su servicio militar, y tras estar siete años dedicado casi por completo a la industria cinematográfica volvía de nuevo a los escenarios. Reapareció realizando varias presentaciones en directo en un especial de televisión, a las que iban a seguir una amplia serie de conciertos en Las Vegas.

Linda, Mary y Bárbara eran vecinas de Memphis. Eran amigas desde su primer año de colegio, vecinas de la misma calle, sus padres eran amigos entre sí y para más coincidencia aún, las tres eran fans de Elvis.

Para cuando Elvis retomo el contacto con los escenarios acababan de cumplir 22 años y en ese momento Mary y Bárbara ya tenían el permiso de conducir.

Un día, mientras las tres almorzaban en el Breitling café, Bárbara lanzó una pregunta:

– ¿Qué os parece si estrenamos mi coche viajando a Las Vegas para ver a Elvis en directo?

Barbara acababa de adquirir un precioso Cadillac rojo y aunque en un principio a Linda y a Mary les echaban un poco hacia atrás las más de 22 horas de viaje, les parecía interesante la idea de poder ver de cerca a su Ídolo y dijeron que si.

Solo una semana después del almuerzo las tres amigas salían de Memphis dirección a Las Vegas.
Ninguna de las tres tenia novio ni nada parecido en ese momento así que tuvieron que dar pocas explicaciones, ni tan siquiera en casa. De hecho eran chicas avanzadas a su tiempo que iban con la mente abierta a cualquier historia que les pudiera surgir en el viaje.

Las tres eran por aquel entonces tres chicas jóvenes y bien parecidas.

Bárbara era una chica con mucha energía y aventurera. Era de cabellos negros, ojos verdes y poseía una bonita sonrisa que se dejaba ver entre unos carnosos labios color carmín.

Mary destacaba por su simpatía y don para hacer reír, también a parte porque era una pelirroja autentica con sus pecas y su tez rosada. Esta tenía los ojos verdes también.

Linda era la más serena, y según para que, la más tímida. Físicamente era rubia, con ojos azules y la más alta de las tres.

Durante el viaje, y a pesar de que Mary y Bárbara se iban turnando al volante, tenían que hacer una parada para descansar y habían decidido hacerla a medio camino entre Memphis y Las Vegas.

Tuvieron la suerte de poder contratar la última habitación triple que había en un hotel de calidad media.

En ese hotel se alojaban unos marines que estaban de servicio tras unos duros días de maniobras. Eran un francés y dos americanos que se habían hecho muy amigos en el ejército. En un cruce de caminos en el restaurante con las tres chicas, Jean, que era el marine francés no pudo evitar fijarse en Bárbara y los tres decidieron intentar entablar conversación con las chicas, que accedieron complacidas a cenar en la misma mesa que los apuestos marines.

Durante la charla las chicas les indicaron el motivo de su viaje y que solo pasarían esa noche en el hotel.

Al día siguiente las tres amigas retomaron su viaje, llegaron al hotel que habían reservado en Las Vegas y aprovecharon esa noche para acostarse pronto y recuperar fuerzas para la actuación de Elvis Presley, que sería al día siguiente.

Cual fue su sorpresa, al ver que cuando llegó el momento de la actuación los tres marines que habían conocido en el otro hotel estaban ahí. Jean no tardó ni dos minutos en empezar a explicarle a Bárbara que sintió un flechazo desde el primer momento en que se cruzaron y que necesitaba volver a verla. Y a día de hoy, gracias a aquel viaje, Bárbara y Jean están felizmente casados y son dos adorables ancianos que no han perdido nunca el contacto con Mary y con Lidia, ni con sus maridos, dos buenos amigos americanos de Jean.

Con las bragas en la mano

Solo tu lo sabes

Este fue el año en el que la mayoría de mi círculo más cercano cumplimos 50 años, y las cifras redondas siempre son motivo para celebraciones especiales. Las tres primeras fueron divertidas, conseguir reunir a amigos del cumpleañero de todas sus etapas de su vida daba lugar a reencuentros emotivos, noches de historias y recuerdos de otras épocas. A partir de la cuarta, la cosa ya empezó a decaer, se convirtieron más en un compromiso social que en una fiesta de viejos amigos. Fue en el mes de julio, cuando me llamo la mujer de Pedro para invitarme a la fiesta de su marido. Areceli, la mujer de mi amigo, había decidido preparar ella misma el cumpleaños sorpresa de su marido, además, a diferencia de los otros en los que estuvimos sus amigos de toda la vida, ella  invitaría también a sus respectivas parejas. Como no podía ser de otra…

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KATIA (Relato 2: ADOLESCENCIA)

Si bien durante su niñez Katia no hizo muchos amigos en el colegio, en el instituto no es que le fuese mejor, ya que algunos de sus compañeros del colegio también lo fueron en el instituto y estos mismos le crearon mala fama y enemistades con los demás.

Los frutos de estas enemistades fueron las burlas constantes de sus compañeros de clase hacia ella por cada cosa que hacía o no hacía, no sabiéndose si era por envidia o porque realmente la creían inferior y más débil, ya que Katia era una chica normal.

Por suerte Katia si podía contar con un agradable grupo de amigos fuera del instituto y esto fue a raíz de apuntarse cuando cumplió 11 años en la asociación de vecinos de su barrio.

En este grupo eran varios chicos y chicas de diferentes edades comprendidas entre los 11 y 15 años de edad. De cuya parte masculina fueron varios los que gustaron a Katia, pero debido a su forma de ser se sentía muy poca cosa y no tuvo la fuerza para demostrar sus sentimientos a ninguno de ellos por miedo a ser rechazada. En cambio si labro mucha más confianza con las chicas del grupo y esto hizo que tuviera entre ellas a grandes confidentes que la apoyaban en sus momentos malos.

Cabe decir que en los años sucesivos esas amigas siguieron siendo sus únicos grandes apoyos y confidentes hasta el día en que con 20 años de edad conoció a Rafael.

(Continuará)

Vacaciones en Barcelona

Estos días estoy de vacaciones en Barcelona sin tiempo casi de escribir y como no me gusta estar mucho sin subir un post os dejo la letra de la canción “Barcelona” una de las canciones de la película Vicky y Cristina Barcelona, comenzado el post con una de las fotos de mi viaje.

Barcelona

Por qué tanto perderse
tanto buscarse, sin encontrarse.
Me encierran los muros de todas partes.

Barcelona

Te estás equivocando
no puedes seguir inventando
que el mundo sea otra cosa
y volar como mariposa.

Barcelona

Hace un calor que me deja
fría por dentro
con este vicio de vivir mintiendo
que bonito sería tu mar
si supiera yo nadar.

Barcelona

Mi mente tan llena
de cara de gente extranjera,
conocida, desconocida
he vuelto a ser transparente.
No existo más.

Barcelona

Siendo esposa de tus ruidos
tu laberinto extrovertido
no he encontrado la razón
por qué me duele el corazón

Porque es tan fuerte
que solo podré vivirte
en la distancia y escribirte
una canción.

Te quiero, Barcelona

Ella tiene el poder.
Barcelona es poderosa.

KATIA (Relato 1: NIÑEZ)

Para cuando Katia nació sus padres ya tenían dos hijos varones, Dimitry, el mayor, y Yuri, el mediano, que por los nombres podríamos pensar que eran una familia de origen ruso, pero nada más lejos de la realidad. Los padres de Katia eran de Alcorcón y ella y sus hermanos nacieron en Madrid capital, lo que pasa es que sus padres, Francisco y María del Carmen, tenían debilidad por los nombres rusos.

Como iba diciendo, Katia era la pequeña de 3 hermanos y por ello y para su (según como se mire) desgracia estuvo sobreprotegida desde que nació, tanto que cada vez que habría la boca a su familia solo le faltaba cubrirle entre algodones.

Su familia era una familia de clase media a la que no le costaba nada llegar a fin de mes y por ello a Katia no le supuso ningún esfuerzo conseguir nada de los bienes materiales que quería, por supuesto cuando tenía algún problema en el colegio o de esa índole sus hermanos que solo tenían 3 y 4 años más que ella acudían en su ayuda siempre que podían y si hacía falta pegaban algún capón a quien osase meterse con su “hermanita”.

Por supuesto, esto de que sus hermanos la defendieran siempre que podían no beneficiaba a Katia para nada, ya que cuando se encontraba sola y se metían con ella no se sabía defender, pero ni sus padres, ni sus hermanos lo querían ver y así siguió todo hasta que llegó a la siguiente etapa de su vida… LA ADOLESCENCIA

Ese silencio absoluto de las bibliotecas

Está muy trabajado. Para ser hombre has descrito de maravilla las sensaciones de ella como mujer. Aunque si lo se no lo leo comiendo en un bar, jajaja

Solo tu lo sabes

El arquitecto que había ideado aquellos pasillos, seguramente, los había imaginado llenos de chicos, chicas y profesores saliendo de un aula para dirigirse corriendo a otra. Lo cual era cierto, aquellos pasillos estaban abarrotados durante en los meses lectivos, cientos de alumnos y profesores transitado por ellos, los sonidos de móviles y los corros de voces componían una sinfonía muy diferente a la que producían mis tacones sobre el suelo embaldosado.

A finales de junio los pasillos se quedaban vacíos, únicamente algunas aulas eran ocupadas con los primeros cursos de verano, pero el resto de edificio quedaba prácticamente vacío. En estas fechas era cuando una sensación de melancolía y ausencia me invadía, más de veinte años recorriendo aquellos pasillos daban para mucho y casi todos rincones me recordaban a alumnos y viejos compañeros que ya no estaban. Para mí, este año tocaba quedarse por lo menos hasta mediados de julio…

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