3 chicas y un destino

Corría la década de los 60. Elvis Presley ya había acabado su servicio militar, y tras estar siete años dedicado casi por completo a la industria cinematográfica volvía de nuevo a los escenarios. Reapareció realizando varias presentaciones en directo en un especial de televisión, a las que iban a seguir una amplia serie de conciertos en Las Vegas.

Linda, Mary y Bárbara eran vecinas de Memphis. Eran amigas desde su primer año de colegio, vecinas de la misma calle, sus padres eran amigos entre sí y para más coincidencia aún, las tres eran fans de Elvis.

Para cuando Elvis retomo el contacto con los escenarios acababan de cumplir 22 años y en ese momento Mary y Bárbara ya tenían el permiso de conducir.

Un día, mientras las tres almorzaban en el Breitling café, Bárbara lanzó una pregunta:

– ¿Qué os parece si estrenamos mi coche viajando a Las Vegas para ver a Elvis en directo?

Barbara acababa de adquirir un precioso Cadillac rojo y aunque en un principio a Linda y a Mary les echaban un poco hacia atrás las más de 22 horas de viaje, les parecía interesante la idea de poder ver de cerca a su Ídolo y dijeron que si.

Solo una semana después del almuerzo las tres amigas salían de Memphis dirección a Las Vegas.
Ninguna de las tres tenia novio ni nada parecido en ese momento así que tuvieron que dar pocas explicaciones, ni tan siquiera en casa. De hecho eran chicas avanzadas a su tiempo que iban con la mente abierta a cualquier historia que les pudiera surgir en el viaje.

Las tres eran por aquel entonces tres chicas jóvenes y bien parecidas.

Bárbara era una chica con mucha energía y aventurera. Era de cabellos negros, ojos verdes y poseía una bonita sonrisa que se dejaba ver entre unos carnosos labios color carmín.

Mary destacaba por su simpatía y don para hacer reír, también a parte porque era una pelirroja autentica con sus pecas y su tez rosada. Esta tenía los ojos verdes también.

Linda era la más serena, y según para que, la más tímida. Físicamente era rubia, con ojos azules y la más alta de las tres.

Durante el viaje, y a pesar de que Mary y Bárbara se iban turnando al volante, tenían que hacer una parada para descansar y habían decidido hacerla a medio camino entre Memphis y Las Vegas.

Tuvieron la suerte de poder contratar la última habitación triple que había en un hotel de calidad media.

En ese hotel se alojaban unos marines que estaban de servicio tras unos duros días de maniobras. Eran un francés y dos americanos que se habían hecho muy amigos en el ejército. En un cruce de caminos en el restaurante con las tres chicas, Jean, que era el marine francés no pudo evitar fijarse en Bárbara y los tres decidieron intentar entablar conversación con las chicas, que accedieron complacidas a cenar en la misma mesa que los apuestos marines.

Durante la charla las chicas les indicaron el motivo de su viaje y que solo pasarían esa noche en el hotel.

Al día siguiente las tres amigas retomaron su viaje, llegaron al hotel que habían reservado en Las Vegas y aprovecharon esa noche para acostarse pronto y recuperar fuerzas para la actuación de Elvis Presley, que sería al día siguiente.

Cual fue su sorpresa, al ver que cuando llegó el momento de la actuación los tres marines que habían conocido en el otro hotel estaban ahí. Jean no tardó ni dos minutos en empezar a explicarle a Bárbara que sintió un flechazo desde el primer momento en que se cruzaron y que necesitaba volver a verla. Y a día de hoy, gracias a aquel viaje, Bárbara y Jean están felizmente casados y son dos adorables ancianos que no han perdido nunca el contacto con Mary y con Lidia, ni con sus maridos, dos buenos amigos americanos de Jean.

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